La construcción genera una gran cantidad de residuos o desechos, pero si se reciclan pueden convertirse en un nuevo recurso (valorización) y evitar así en gran medida la extracción de árido natural. Actualmente atendemos a un aumento considerable de las exigencias de emplear un determinado grado de contenido reciclado en los productos, hasta el punto de que ya se estima que en un futuro se regule como una exigencia generalizada para cualquier producto de consumo.
En el caso del hormigón, y más bien en su vertiente prefabricada, ofrece unas condiciones de partida idóneas para admitir un porcentaje de material reciclado, pero esto debe contextualizarse según el tipo de producto, sus aplicaciones, la disponibilidad o el marco reglamentario vigente. En este sentido, si hablamos de reciclaje, y más concretamente del empleo de áridos reciclados para la fabricación de nuevos productos prefabricados de hormigón, podemos distinguir dos grupos perfectamente delimitados: aquellos productos con aplicaciones estructurales, de los no estructurales.
En los últimos años hemos atendido en el sector del prefabricado a un interés creciente por ir incrementando el empleo de áridos reciclados en la fabricación de distintos productos
Desde la construcción del primer edificio con elementos prefabricados de hormigón 100% reciclado hace más de una década , el interés por utilizar este mecanismo no ha dejado de aumentar. Como todos sabemos, el hormigón se obtiene a partir de mezclar varios componentes básicos: un aglutinante (cemento), agua y áridos (gravas y/o arenas), pudiendo añadir a partir de aquí una cantidad extensísima de materiales (aditivos, fibras, etc.). En el caso de los áridos que tradicionalmente han sido de origen natural de las propias canteras, estos pueden sustituirse por un determinado porcentaje por áridos reciclados.
✓ Elementos prefabricados de hormigón estructurales (vigas, pilares, marcos, etc.). El artículo 30.8 del nuevo Código Estructural define árido reciclado como aquel obtenido a partir de una operación de reciclado de residuos de hormigón. Esto ya delimita un primer matiz importante y es la procedencia de los áridos que debe ser únicamente a partir de restos de hormigón (mínimo de un 95% de pureza). Asimismo, solo es posible utilizar árido grueso reciclado (1,5% máximo de árido que pase por el tamiz 0,063 mm) y en los mismos porcentajes y excepciones que presentaba anteriormente la Instrucción EHE-08:
Se considera que los áridos gruesos reciclados obtenidos a partir de hormigones estructurales sanos, o bien de hormigones de resistencia elevada, son adecuados para la fabricación de hormigón reciclado estructural, aunque deberá comprobarse que cumplen las especificaciones exigidas en el resto del Art. 30.8.
Fuente de la imagen: Arigal
✓ Elementos prefabricados de hormigón estructurales (pavimentos, bloques, mobiliario, paneles no portantes, etc.). En este caso no existe una reglamentación expresa igual que sucede con las estructuras, por lo que las limitaciones las impone el resto de los parámetros (calidad y disponibilidad de áridos reciclados, coste, exigencias medioambientales del mercado, apuesta empresarial) que inciden en poder utilizar un mayor o menor contenido de árido reciclado. Asimismo, abre el abanico de posibilidades, tanto en cuanto a que sean indistintamente áridos gruesos o finos, o que procedan de distintas fuentes, sean restos de hormigón, residuos de construcción y demolición (RCD´s) u otros.
Cabe destacar las enormes posibilidades que ofrecen los elementos prefabricados no estructurales, en cuanto a ser capaces de emplear áridos reciclados de numerosas fuentes de procedencia
En los últimos años hemos atendido en el sector del prefabricado a un interés creciente por ir incrementando el empleo de áridos reciclados en la fabricación de distintos productos, respondiendo así a satisfacer distintas necesidades y demandas, como aprovechar el excedente generado en la propia planta como probetas de ensayo de resistencia o consistencia, piezas defectuosas, finales de pista, etc. (se estima que en torno a un 2% del total de producción son mermas) persiguiendo lograr un balance final cero de residuos, reduciendo así en parte la necesidad de proveerse de árido natural y optimizando así posiblemente los costes de producción; ofrecer una salida a través de la valorización de residuos externos mediante un proceso organizado de transformación en árido reciclado con la calidad necesaria para introducirlo en la fabricación de nuevos productos; y con una tendencia al alza en cuanto al empleo, viendo que hay empresas que en determinados productos ya se fabrican con un porcentaje mínimo perfectamente definido (5% al 20%, incluso a llegar hasta el 40%) e incluso con el primer fabricante nacional de bloques de hormigón 100% reciclados.
Estos últimos casos responden sobre todo a la tendencia actual de que algunos pliegos de contratación pública comienzan a requerir un porcentaje mínimo de reciclado, o en los propios sistemas de evaluación de la sostenibilidad que se aplican cada vez más para certificar edificios e infraestructuras.
Figura.- Destrucción de un tubo de hormigón para la fabricación de áridos reciclados.
No obstante, esta cifra no debería asignarse a la ligera, sino que para llegar a ella hay que realizar cuantos ensayos sean necesarios para dar seguridad al empleo del árido reciclado, tanto sobre los propios áridos (especialmente si son de procedencia externa y de RCD´s, para que haya una homogeneidad garantizada) como sobre los productos finales, teniendo en cuenta que en general el árido reciclado conllevará peores prestaciones que el árido natural (mayor absorción de agua, menor densidad, menor resistencia mecánica, etc.), además de que se tenga un suministro mínimo garantizado.
Cabe también llamar la atención sobre las enormes posibilidades que ofrecen los elementos prefabricados no estructurales, en cuanto a ser capaces de emplear áridos reciclados de numerosas fuentes de procedencia, como es el caso de proyectos en marcha o ya realizados que han estudiado la viabilidad de valorizar residuos como son restos de caucho de neumáticos usados de automóviles, cáscaras de los mejillones, plásticos de invernaderos, o restos de corcho de la industria del envasado, por citar algunos ejemplos.
Para la dosificación del hormigón reciclado, en principio se pueden emplear los métodos convencionales de dosificación, con ciertas precauciones que deben constatarse con, seguramente, una intensificación del control y de ensayos por parte del fabricante:
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